miércoles, 23 de septiembre de 2009

RECUENCO, EL



-Le llama la atención la casa ¿verdad? Dicen que no se le puede tocar, que tiene historia.
Acababa de llegar por la carretera de Priego afectado por la impresión que produce el panorama arisco del terreno por el que se desciende, entre rocas descomunales y precipicios, hasta la antigua villa.
-Sí señor; claro que me llama la atención. No sólo la plaza, sino el conjunto entero de la plaza. Se ve que debió de ser un pueblo importante.
-Pues mire, el término es como una cuña metida en la provincia de Cuenca. Ahí enfrente tiene usted Vindel, y en esa otra parte El pozuelo, y más abajo Alcantud. Todo eso pertenece a Cuenca.
Don Conrado descansaba sentado en una silla baja disfrutando de la tranquilidad y de la apacible temperatura de la tarde en una acera de la plaza. Como un muestrario interesantísimo de arquitectura rural de los últimos siglos, que viene a completar más al gusto de hoy el sólido edificio del ayuntamiento. La Plaza y toda la calle Mayor de El Recuenco, cuentan por derecho propio entre los conjuntos urbanos de mayor prestancia y señorío que uno recuerde haber visto a lo largo y a lo ancho de toda la geografía provincial.
Por la calle del Sol baja un antiguo canal abandonado que sirve de límite entre las últimas casas y el cerro de la Rastra. El canal se emplea hoy como camino de entrada y de salida al campo a lo largo de un determinado tramo de su recorrido, mientras que el resto queda allí prestado a la desidia, donde las hierbas crecen a placer sin que uno pueda, después de mucho imaginar, buscarle una utilidad posible.
-Sí hombre, esto tiene una explicación. El canal se hizo para dar salida al agua de las tormentas. En este pueblo, cuando empieza de nube nos alarmamos un poco.
-Porque siempre habrá algún motivo que lamentar ¿no?
-Aquí por lo menos sí que lo hay. Un año se juntaron las aguas que bajaban por el Barranco del Hocino y las del torrente de la carretera que recoge las de otros tres, y fue un desastre. Se llevó la mies de las eras, se llevó los trillos y las máquinas de aventar, cambió las hacinas de sitio, en fin, que nos dejó en cuadro. Por eso se hizo este canal que sirve de escape. Eso sí, que debería estar un poco más cuidado, eso es verdad.
Don Santiago Pérez tiene su casa y un pequeño establecimiento de comestibles en la calle del Sol. Encontré a don Santiago Pérez blanqueando la fachada de su casa y se me abrió en conversación como si alguna vieja amistad hubiese descubierto de pronto con el recién llegado.
-Es de suponer que será la agricultura el punto fuerte en la economía del pueblo.
-Bueno, es la agricultura pero de una forma un poco especial. Antes se vivía de la ganadería y de la vega, que la teníamos sembrada de judías, patatas, forrajes y demás, pero ahora la tenemos plantada de mimbre, y es de lo que se vive.
-¿Tanto produce el mimbre?
-Hombre, es que tenemos mucho. Seguro que está por encima de los dos millones de kilos. Es una planta que se pone y se va cortando.
Todavía más rayano con tierras conquenses queda en el término de El Recuenco el santuario de Nuestra Señora de la Bienvenida, donde es tradición que la imagen que allí se venera fue encontrada por un pastor de Tinajas, que después de considerar la magnificencia del hallazgo, se la llevó a su pueblo para que en él pudiera recibir cada día el homenaje devoto de sus paisanos.

“El pastor que os encontró
Sobre piedras, Virgen pura,
A Tinajas os llevó
Patria de su gran ventura,
Para que vuestra hermosura
De todos fuera aplaudida.
Pues eres el sol y luna
Que da luz a nuestra vida,
Sednos siempre intercesora
Virgen de la Bienvenida.”

La misma tradición cuenta que la imagen desapareció y se volvió a encontrar en el mismo sitio del monte, donde hoy se conserva en una bella ermita del siglo XVIII, donde cada 8 de septiembre recibe, desde tiempo inmemorial, la visita masiva de su pueblo y de algunos lugares colindantes de la provincia de Cuenca, como Reina y Señora de aquella serranía.
-Eso era para haberlo visto cuando éramos en el pueblo mil personas. Todo este cerro de la Rastra era como una procesión, subiendo más de la mitad de los vecinos. Unos a pie, otros con las caballerías, aquello impresionaba el día de la romería. Ahora todavía hay quien sube a pie, y descalzos por alguna promesa, pero la mayoría van en coche. La cosa es que la devoción a la Virgen no se ha perdido, cada tiempo a su manera, naturalmente.
El pueblo de El Recuenco se enorgullece, sin que para ello le falten razones, de su antigua aportación a la industria del vidrio. Desde hace varios siglos, y hasta principios del XX en que se apagaron las llamas del último de los hornos, en El Recuenco se llegaron a fabricar las piezas más codiciadas de la época palaciega de nuestra historia. Sabido es que algún que otro rey de España se llegó a interesar personalmente por las piezas de cristal salidas a la luz en esta villa, y que una buena parte del instrumental con el que fue equipada la Real Botica, tuvo este origen. Hoy las añosas redomas, los matraces y jarrones de El Recuenco suelen viajar allende los mares como piezas de estimable valor en las maletas de los coleccionistas.
-Sí, sí; aquí eso debió de ser una cosa grande. Hubo tres fábricas de vidrio. La última dejó de funcionar hace ochenta años. En El Escorial debe de haber mucho vidrio de aquí. Se cuenta que los del pueblo iban a venderlo con las caballerías hasta León. Todavía existen en el pueblo algunas botellas y algún vaso hechos aquí. Eran de color verdoso, un poco basto, con burbujas por dentro.
-Y durante aquellos siglos el pueblo viviría de aquel trabajo.
-Es de suponer que sí. Mire, en plena sierra y todos los cerros limpios. Dicen que había veinticinco millones de pinos, pero que se debieron emplear todos de leña para fundir el vidrio. Yo creo que, aparte de los que trabajasen en los hornos, los demás vecinos se debieron dedicar a llevar leña a las fábricas pagados a jornal.
Una anciana pasa a la tienda preguntando por la dueña, que en esos momentos debía de andar ocupada en otros quehaceres de la casa.
-¡Pura!
-Se da cuenta -dice don Santiago- Todo el mundo preguntando por ella. Aquí, yo como si no existiera.
La anciana, un a viejita del pueblo que no acierta a decir el nombre de lo que desea comprar, se sale del establecimiento con una latita de foi-gras.
-Señora, ¿A usted le gusta eso?
-Ea, algo hay que comer. Es por los dientes. Me gusta más el jamón. En el bolsillo llevo un poco, mire, pero como no lo puedo masticar, ahí está.
Por las calles limpias, floreadas y alegres de El Recuenco, me acerco con mi amigo don Santiago hasta las orillas del pueblo al caer la tarde. De su mimbral en la vega sube un hombre con una extraña maquinaria sobre la espalda, sujeta con dos correas como una cartera de colegial y un mango largo que acaba en disco a modo de sierra.
-Esto se llama una motoguadañadora. Con este aparato cortamos la hierba y el mimbre sin ningún esfuerzo. Hay que ver qué cosas inventa la gente para no trabajar. ¿verdad usted?
-Cundirá mucho.
-Con esto se siega uno solo tres mil kilos de mimbre en un día, y se queda tan fresco. Ya verá qué bien va esto.
Don Justo puso el aparato a funcionar tirando de una cuerda y nos hizo una demostración dejando al rape con dos pasadas un hierbazal del Boleo.
-A ver quién lo deja mejor con menos trabajo.
En los frutales del Huerto Concejo, los gorriones suben y bajan a picar en las espigas de cebada que ya se empiezan a dorar por los cuarteles de la vega. Cruza el pasadizo de la calle del Moral un campesino tirando de su mulilla cargada con haces de mimbre. La vega, teñida por un sol naranja y carmesí a punto de esconderse por Las Cabezas, es a estas horas de la tarde una apacible tierra de promisión, un valle inmenso, alegre y colorista de pintura flamenca, con olor y sabor a naturaleza limpia, donde bullen de monte a monte , de la cuesta de Vindel a la de la Carrasca, de las Carboneras al Picazo, los espíritus invisibles de millones de ninfas de leyenda que bajarán, más adelante, a escribir su historia en las encantadas tierras de Cuenca.

(N.A. Agosto, 1981)

1 comentario:

David dijo...

Maravilloso, El Recuenco es el pueblo de mi madre y estuve hace unas semanas despues de no haber pisado por alli en 20 años, esta cambiado, pero revivi todas esos sentimientos que de pequeño y adolescente me embargaban....Un gran pueblo...